Uno de nuestros tesoros más desconocidos es el Vega Tajuña tinto maceración carbónica. Es cierto que no es un vino  por el que los consumidores apuesten en un primer momento, pero quien lo prueba, lo adora.

Se elabora con la técnica más ancestral, pero que está de plena actualidad. Consiste en dejar que fermenten los racimos enteros sin despalillar, ni prensar previamente. Éstos se introducen en un depósito  de acero inoxidable. El peso de los racimos de la parte de arriba hace que las uvas que quedan abajo se rompan, liberando parcialmente el mosto, que será el que comience una fermentación alcohólica liberando CO2 que desplazará a su vez el oxígeno que hay en el depósito propiciando el clima idóneo para la fermentación.

El gas carbónico da nombre a esta forma de elaborar y aporta ese carácter fresco a los vinos. El proceso acaba por romper los hollejos y crea un vino de escasa graduación inicialmente y da paso a una segunda fermentación más lenta que puede durar unos 7-9 días.

Es un vino fresco, ligero, muy frutal, con una coloración intensa, tonos violáceos, brillantes, tiene baja acidez y pocos taninos, por lo que se puede servir más frío. Es un vino agradable, poco astringente y marida muy bien con casi todas las comidas, sobre todo con los platos calóricos.

Suelen consumirse al año siguiente de la vendimia, aunque nuestro maceración carbónica apunta muy bien durante un periodo más largo de tiempo.

Nuestra tendencia es elaborar vinos más fieles a su fruta y a su origen. Ahí es dónde este vino triunfa por su pureza de expresión frutal. Es un vino lleno de vitalidad y con una relación calidad - precio excelente.

Publicado: 18 de Octubre de 2017