Acerca del tronco y brazos sólo nos interesa que en todas la cepas europeas y en todas las americanas la corteza se desprende fácilemnte en tiras. El grosor del tronco depende de la fertilidad del suelo y de los cuidados de cultivo que de la clase de la cepa.

En los brazos se asientan los pulgares, que están formados por la parte de un sarmiento del año anterior que se deja en la cepa en la poda de invierno, para que de sus yemas nazcan los brotes, que más tarde serán sarmientos verdes y, finalmente, sarmientos maduros y leñosos.

En la vegetación anual también se producen brotes y sarmientos que no nacen de las yemas normales del pulgar, sino de otras adventicias, así llamadas por aparecer, eventualmente, sobre la madera de dos años y sobre la madera vieja del tronco y brazos. En muchas formas de poda estos brotes en madera de más de un año deben ser suprimidos en la poda en verde, de primavera.

De las yemas normales salen los brotes, a los cuales, cuando han logrado bastante longitud, se suele llamar sarmientos verdes, por conservar aún este color, y éstos, al agostar se convierten en sarmientos maduros, o sea en sarmientos propiamente dichos cuando, al avanzar el verano, se hacen duros y leñosos y la coloración de su corteza cambia a tonos grisáceos, amarillentos, rojizos, etc., según la especie o variedad de cepa de que se trate.

En los sarmientos se distinguen los nudos y entrenudos. Los nudos son abultamientos que existen en los sarmientos; los entrenudos son los trozos de sarmiento entre nudos consecutivos. En los nudos siempre están las yemas normales. El viticultor conoce la distinta fertilidad de las yemas, conforme al lugar en el que se asiente, en madera vieja o en sarmiento. Como regla general, los brotes son tanto más fructíferos cuanto más se alejan del tronco de la cepa.

Publicado: 21 de Septiembre de 2017