Los vinos rosados son muy sabrosos y refrescantes. Por eso en primavera, cuando empieza el calor, se convierten en la mejor opción.

Aunque estos vinos provienen de cepas tintas tienen un proceso de producción diferente para mantener los sabores primarios de sus frutas, pero sobre todo su frescura, muy parecida a la de los blancos.

Son vinos con cuerpo ligero y con una gran versatilidad para acompañar recetas de todo el mundo, incluido el sushi y el sashimi, tan difíles de maridar. Cuando los bebemos sentimos una explosión de grosellas, frambuesas, frutas, moras, especias y flores. Al vinificar el rosado proveniente de uvas tintas, todo el poder de éstas se transforma en pura delicadeza. El secreto está en la maceración. A diferencia de los tintos tradicionales, el contacto del jugo con la piel de las uvas, dónde se encuentran los compuestos colorantes, es muy delicado y breve. El tiempo que dure la maceración definirá el color y la intensidad del vino, desde un rosa pálido hasta tonos más profundos como el magenta. Se caracteriza por un fino bouquet de flores silvestres y frutas rojas. Tiene aromas intensos y en boca está bien estructurado.

Es una opción perfecta como aperitivo, pero también ofrece multitud de posibilidades cuando nos sentamos a la mesa. Es ideal para acompañar ensaladas, sopas, pasta, pescados, mariscos, carnes blancas, platos vegetarianos, quesos, embutidos,...y para los más osados, incluso postres.

Publicado: 28 de Junio de 2017 a las 09:33